En muchas culturas, las mujeres son educadas de manera directa e indirecta dentro de mandatos familiares de género, que pueden, en muchos casos, limitar su capacidad para desarrollar plenamente sus aptitudes y talentos. Estos mandatos, a menudo internalizados desde una edad temprana, pueden actuar como barreras invisibles que restringen las oportunidades de las mujeres y perpetúan desigualdades de género. Bowen (1998), desarrolló la Teoría del Sistema Familiar, donde describió los "mandatos familiares" como las reglas o expectativas implícitas que gobiernan el comportamiento dentro de una familia y determinan su diferenciación de ella, esto influye a su vez en la autonomía emocional y determina el modelo de comportamiento que se ejecutará en cada aspecto de su vida en donde el individuo establezca relaciones interpersonales. Estos mandatos son transmitidos de manera implícita como explícita de generación en generación y son basados en creencias, valores y principios arraigados sobre el papel de cada miembro en la familia y en la sociedad en general. Los patrones patriarcales de la familia y el trabajo ponen al hombre como principal agente que decide los roles por asumirse en la práctica social, poniéndose a sí mismo como el eje de la estructura. Esto refleja nada más que una inminente violencia simbólica y de género hacia las mujeres, evidenciada en los siglos de abuso de poder, acoso laboral, falta de reconocimiento y un alto índice de inequidad y desigualdad.